Se encuentra usted aquí

Solo contra el mundo

La intención de Rafael Márquez de crear y encabezar una asociación de futbolistas en México reavivó el debate sobre temas que desde hace décadas ha sido señalados como inhumanos por jugadores, especialistas y periodistas.

A los pateabalones, empleados con muy buenos sueldos en la mayoría de los casos, entre otras cosas, no les parece justa la forma en que se comercia con ellos -como si de ganado se tratara- en el Régimen de Transferencias, pero tampoco oponen demasiada resistencia.

Tampoco aprueban el pacto de caballeros, un acuerdo que opera al margen de las reglas de la FIFA, pero que cuenta con el respaldo de todos los directivos para que las cosas sigan funcionando como les convienen.

Estos dos artificios comenzaron a operan en México en 2002 y desde entonces muchos futbolistas han salido a trabajar a otros países, apegados a lo que dice la FIFA, pero si quieren volver al País, sus "dueños" tienen derecho a cobrar o negarles permiso para firmar en otro club, aunque tengan años sin relación laboral.

Mientras los empleados saben que tienen derechos que no son respetados, los empleadores defienden sus intereses con el argumento de que así mantienen una estructura sana en la "familia del futbol", conformada casi sólo por directivos.

En 2015, Andrés Fassi, directivo del Pachuca, resumió el pensamiento del dirigente mexicano: "Yo le diría a ese jugador que es un esclavo que gana de uno a 1.5 millones de pesos mensuales, entonces, seguramente a 110 millones de mexicanos les encantaría ser esclavos".

NUEVO ENEMIGO

El nuevo monstruo creado por los directivos se llama, aunque no oficialmente, la regla 10/8, que elimina el límite de extranjeros y sólo exige que por partido tengan entre sus convocados a ocho mexicanos, aunque no necesariamente salgan a la cancha.

Las filas del desempleo de pateabalones nacionales engrosan al final de cada torneo, mientras los clubes contratan a más foráneos, con el argumento de que así se mejora la calidad del show semanal.

En junio de 2016, cuando fue aprobada la nueva reglamentación, Márquez estalló en sus declaraciones y llamó a la creación de una sindicato para defender el derecho del profesional del futbol de tener voz y voto en las decisiones de la Liga.

El capitán del Atlas y la Selección, puso como ejemplo los sindicatos de España, Italia y Argentina, que tienen la fuerza y la ejercen para presionar a los dueños del balón.

LUCHA SINDICAL

La idea de una asociación de futbolistas en México tiene como el antecedente más reciente una lucha de años que se reavivó en 1999.

Ignacio Ambriz, mediocampista del Necaxa, se declaró dispuesto a tomar la bandera de la Asociación de Futbolistas Profesionales, que había nacido en 1991, con Javier Aguirre, Alfredo Tena y Miguel España, pero entonces agonizaba.

Desde 1993 los futbolistas se pronunciaron en contra del Draft y los seleccionados amenazaron con no participar en la Copa América si no desaparecía, pero todo se quedó en eso. Hugo Sánchez, uno de los principales críticos del mercado de piernas, se exilió del futbol mexicano.

En 1994, Manuel Negrete asumió la presidencia de la AFP, en plena debacle del movimiento. Dos años después, Sergio Bueno, Guillermo Cantú y Miguel Herrera tomaron la batuta porque un abogado, de nombre Víctor Manuel Campos, intentó apoderarse del registro de la Asociación.

Después de tres años en el olvido, al movimiento le hacía falta un nuevo líder para volver a caminar, porque, decían, era urgente proteger y mejorar al gremio.

Claudio Suárez, capitán de la Selección, expresó públicamente su respaldo a la designación de Ambriz como presidente, en cuya mesa directiva estaba su brazo derecho, un ex futbolista del Necaxa, el Atlante y el Neza, quien para entonces era su contador personal: José María Huerta.

Los monstruos de esos años eran el tope salarial y el crecimiento del cupo de tres a cinco extranjeros.

PLEITO ETERNO

Con el respaldo de Ambriz, Héctor Islas y Nicolás Navarro, Huerta asumió la presidencia de la AFP, que en 2001 asesoró y respaldó a Emilio Mora para que llegara a un arreglo con el Morelia, que se negaba a pagarle el porcentaje que le correspondía por su transferencia al Cruz Azul.

El 10 de septiembre de 2001, Huerta, avalado por 118 firmas de futbolistas profesionales, solicitó ante la Secretaria del Trabajo el registro del sindicato denominado Futbolistas Agremiados de México.

Pero en lugar de dedicarse a su objetivo de luchar por los derechos de sus miembros, su misión se convirtió en sobrevivir, pues incluso el tema de su registro ante las autoridades mexicanas se convirtió en un cuento de nunca acabar.

En octubre, la Secretaría del Trabajo y Previsión Social negó el registro. Según Huerta, los empresarios del futbol habían ejercido presión.

En su búsqueda de firmas en los clubes de Primera División, el líder sindical se vio forzado a aherir a los futbolistas de los Tigres en el estacionamiento del Estadio Universitario y a lidiar con los guardias de la UAG, que lo sacaron por la fuerza de las instalaciones de los Tecos, por órdenes del presidente del club, Juan José Leaño.

Según Leaño, sus futbolistas ya estaban sindicalizados a través de la UAG y que cortaría los contratos de quienes se afiliaran al de Huerta.

Alberto de la Torre, presiente del Atlas y después de la FEMEXFUT, argumentó lo mismo en el caso de los rojinegros: ya estaban sindicalizados.

Huerta encontró una traba tras otra.

Las autoridades decían que la solicitud no era de competencia federal, sino local o estatal, a pesar de que en 1971 le concedieron el registro al Sindicato de Futbolistas, encabezado por Carlos Albert, Armando Magaña y Antonio Mota.

Jugadores como Gerardo Torrado, Jorge Campos, Joaquín Beltrán y Pável Pardo se sumaron a la lucha.

LA COMISIÓN

Justo cuando los futbolistas se animaban a dar forma a su sindicato, surgió a los federativos el ansia por darles participación, voz y voto.

Así, el 29 de octubre de 2001, se reunieron en la Ciudad de México representantes de 15 clubes de Primera División para integrar la Comisión del Jugador.

Una "precomisión" se formó, encabezada por Sergio Almaguer, Francisco Gabriel de Anda, Félix Fernández y Markus López.

Huerta señaló a tal comisión como una farsa, porque no era independiente de la FMF, lo cual, 15 años después, también critica Márquez.

Para 2002, el Draft desapareció, como lo pedían, pero se instauró el Régimen de Transferencias. El juego sólo cambió de nombre.

Mientras, Huerta presentaba un recurso de revisión ante la Secretaría del Trabajo para reconsiderar la petición de registro sindical, negada por la Dirección General de Registro de Asociaciones y buscaba el apoyo de la Comisión de Juventud y Deporte de la Cámara de Diputados.

Los políticos, como ha sucedido en los últimos años, sobre todo en el tema del pacto de caballeros, se mostraron preocupados por la falta de una asociación de futbolistas y las injusticias, pero no pasó de eso.

Huerta sumó a su proyecto el apoyo de Gordon Taylor, presidente de la Federación Internacional Futbolistas Profesionales (FIFpro) y consiguió que FAM fuera el representante del futbol del País ante el Tribunal de Arbitraje de FIFA.

TODOS CON CHEMA

Los viajes, los litigios y la lucha de Huerta demandaban, además de tiempo, dinero, así que Futbolistas Agremiados comenzó con la subasta de camisetas, suéteres de portero, guantes y balones autografiados.

Hernán Cristante, Mario Albarrán, Fabián Estay, Alberto García Aspe, Hernán Vigna, Alex Aguinaga, Nicolás Navarro y Alexsandro Álvarez donaron artículos para una subasta.

Huerta dijo que usaría los recursos para apoyar causas como la de Javier Amador Palacios y César Andrade.

Después viajó a Ginebra para ingresar una queja formal ante la OIT para que las autoridades dejaran de obstaculizar la creación del sindicato de futbolistas en México.

También inició platicas con varios dueños de clubes, como Jorge Vergara y Ricardo Salinas Pliego, para convencerlos de los beneficios que tendría el sindicato para la industria.

Finalmente, el 12 de agosto de 2005, Futbolistas Agremiados de México obtuvo, después de cuatro años de contienda legal, el reconocimiento como sindicato.

Con ello recibirían prestaciones de Ley y adicionales en un contrato colectivo de trabajo, estabilidad en su empleo y recobraría su libertad para decidir en qué club trabajar.

Exigiría la desaparición del Régimen de Transferencias y buscaría la desaparición del pacto de caballeros. Sólo faltaba que el futbolista se decidiera a exigir sus derechos, entre ellos, el de la huelga.

El 28 de noviembre de 2007, Futbolistas Agremiados de México se dio por vencido tras no poder romper los obstáculos, la indiferencia y la falta de solidaridad de la mayoría de los jugadores.

"Los agremiados tenían que dar el toque de visión para el funcionamiento del sindicato y, al carecer de su voz y su voto, no se puede seguir el proyecto, no puede ser comandado por una sola persona", expuso Huerta, entre lágrimas.

FAM se declaró en suspensión de actividades, ante la falta de quórum en dos convocatorias para la celebración de un congreso.

Casi una década después, Rafa Márquez, toma la bandera de lucha para derribar las murallas de las autoridades y federativos, pero, sobre todo la apatía de su propio gremio.